30 años de la caída del muro. La visión de la Agencia Magnum.

En la noche del 9 de noviembre de 1989 el funcionario del gobierno de la Alemania Oriental, Günter Schabowski, anunció en rueda de prensa que se podían realizar reubicaciones permanentes en todos los puntos de control fronterizos de la RDA (Alemania Oriental) en la RFA (Alemania Occidental). Esa misma noche miles de berlineses de ambas alemanias se amontonaron alrededor del muro, algunos con martillos y cinceles, produciéndose la caída del muro y una fiesta que duró varios ya que significó la reunificación de Berlín después de la creación del muro en 1961. La reunificación de Alemania no se produciría hasta casi un año después, el 3 de octubre de 1990.

Berlín se dividió entre Oriente y Occidente en agosto de 1961, cuando el gobierno comunista de la Deutsche Demokratische Republik (DDR), alineado con los soviéticos, comenzó a construir un muro a través de Berlín. En principio la escusa fue el contener la influencia del Berlín Occidental y la entrada de espías, pero el motivo real fue el detener el torrente de ciudadanos que se movían hacia el oeste.

La noche del 12 de agosto la RDA decidió levantar un juro provisional y cerrar 69 puntos de control, dejando abiertos únicamente 12. A la mañana siguiente ya había colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros, separando las dos partes de Berlín, interrumpiendo los medios de transporte e impidiendo que nadie pudiera cruzar de un lado a otro.

Durante los siguientes años el Muro pasó de ser una construcción fragmentada de alambre de púas y bloques de cemento a transformarse en una zona de muerte altamente militarizada, con torres de vigilancia, reflectores, zonas minadas y múltiples capas de cercas y muros de alambre.

Los fotógrafos de la Agencia Magnum estuvieron trabajando tanto en la parte oriental como occidental, documentando la vida cotidiana, la militarización y los hechos más trascendentes de la Guerra Fría.

1.- La construcción del Muro.

El fotógrafo de Magnum, Burt Glinn, capturó la naturaleza surrealista del acto de construcción del Muro, enfatizada por una imagen de una persona enladrillando una ventana y dando la sensación de un encerramiento en vida.

Durante la construcción los ciudadanos se reunían para ver el levantamiento del Muro con una mezcla morbosa de curiosidad e incredulidad. La vida continuaría a ambos lados del mismo gracias a la capacidad de las personas de adaptarse incluso frente a la disfuncionalidad y la tiranía.

Sin embargo, la cotidianidad terminó pronto. Ida Siekman fue la primera persona que murió en las cercanías del Muro al saltar desde un tercer piso en un intento de huir hacia el oeste. Varias personas estaban saltando desde las ventanas del edificio y los bomberos los estaban recogiendo desde abajo con unas redes salvavidas. Sin embargo no tuvieron tiempo de estirarla bien después de recoger a un hombre y antes de que ella saltara resultando mortalmente herida.

2.- La vida tras el Muro.

Muchos otros fotógrafos de Magnum, aparte de Burt Glinn, estuvieron fotografiando la vida alrededor del Muro. Henri Cartier-Bresson y Leonard Freed captaron cómo se comportaban los niños de la Alemania occidental en las cercanías del muro.

Henri Cartier-Bresson

Leonard Freed.

Unos niños que habían conseguido reconfigurarse a la nueva situación.

Sin embargo, tenemos otras imágenes de niños que nos muestran la triste y preocupante imitación de los niños de la realidad en la que viven, o que no son capaces de llegar a comprender las circunstancias que les rodean. Así, Raymond Depardon capta cómo unos niños han construido su propio Muro con centinelas y todo, o como son capaces de jugar al futbol entre las tumbas de los asesinados.

La cotidianidad de la vida con el Muro daba lugar a instantáneas como esta de Hoepker en la que vemos a un padre fotografiando a sus hijos pequeños al lado del mismo.

Para el año 1977 el Berlín comunista parece casi una ciudad utópica con la torre de televisión futurista Fernsehturm y los relucientes bloques de edificios que vemos en la imagen de Jean Gaummy.

No obstante, las calles vacías de noche y los puntos de control como el fronterizo Checkpoint Charlie seguían ofreciendo un aspecto lúgubre.

El Berlín oriental se convirtió en un paraíso para los trabajadores que mataba a sus propios trabajadores si trataban de irse. La figura de las personas asesinadas por la Stasi al intentar escalar el perímetro o excavar debajo de él llego a contarse por centenares. El último caso fue en 1989, el mismo año en el que cayó el Muro. En la fotografía de Peter Marlow podemos ver como los guardas fronterizos parecen una especie de sacerdotes distópicos de alguna nueva inquisición arriesgando sus vidas con una endeble protección para rellenar un campo de minas que impide a la población, incluidos ellos, escapar.

3.- La caída.

Los primeros ataques contra el Muro se centraron en su fachada. Aparecieron los grafiitis en los que la gente plasmaba su descontento o sus esperanzas.

Josef Koudelka.

Cuando Mark Power fotografió el Muro como parte del proyecto para su libro Die Mauer Ist Weg, la agitación política crecía según se acercaba el final de la Guerra Fría, y la multitud ya había conquistado el área alrededor del Muro.

En esta etapa el Muro estaba condenado. La RDA estaba en bancarrota moral y económica, y ambas poblaciones alemanas estaban en contra. El gobierno de la Alemania Oriental ya no podía mantener su control sobre el poder o creer en su propia retórica. Continuaron mintiendo hasta el final, alegando que el Muro podía resistir otros 100 años. Finalmente, grandes filas de personas se dirigieron hacia el Muro. Un régimen que se escondía tras la insignia de la hoz y el martillo fue atacado por su propia gente provista de cinceles y martillos.

Ian Berry captó el júbilo de la liberación cuando los familiares, separados por el Muro, se encontraron nuevamente. Esas instantáneas fueron más convincentes que cualquier justificación o explicación ideológica.

Mark Power se encontraba en Berlín casi de casualidad. Cuando pensaba abandonar el trabajo de fotógrafo, un viejo conocido y editor le dio 200 libras en efectivo, y decidió gastarlas en unos billetes de avión de 99 libras con British Airways para ir a Berlín con salida temprana el 9 de noviembre de 1989.

Había establecido contactos con una chica que tenía una extensa familia en la Alemania del este, y su plan era cruzar la frontera y trabajar sobre la vida en el Bloque del Este. Cuando esa tarde se acercó al Checkpoint Charlie se encontró que había más personas de las que cabría esperar merodeando por el lugar. Al preguntar a uno de esos transeúntes, le dijo que un boletín de noticias había dicho que el Muro estaría abierto para el paso libre esa misma noche. Mark volvió rápidamente al hotel a por su cámara y regresó corriendo al Muro.

Las multitudes se habían agolpado. Un guardia fronterizo se subió a una pared de ladrillos y pidió calma. Luego, a medianoche, la puerta se abrió y un desconcertado alemán del este cruzó la frontera y empezó a dar abrazos. Mark, y su compañero George, se encontraron así en el centro de la acción.

Al día siguiente el lugar estaba plagado de fotógrafos y no se podía adquirir ni un sólo carrete fotográfico en todo Berlín.

El día 12 Mark y George decidieron pasar al Lado Oriental. Las calles estaban desiertas y el paisaje era casi desolador. Prácticamente todo el mundo había cruzado la frontera dejando atrás un paisaje extraño.

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